lunes, 3 de marzo de 2008

La revolución de los espejos


Un día, el menos pensado, la señal llegó y los espejos comenzaron su revolución, de la que nadie se libró. En las casas, los espejos escupían, nos ignoraban, reían cuando nos veían desnudos. Los retrovisores no querían mirar más hacia atrás. Los espejismos se hicieron reales. En los probadores de las tiendas observaban con cara de desaprobación cada vez que algo nos quedaba bien. Los vampiros por primera vez en la historia cominezan a reflejarse. Nos muestran apuestos cuando nos levantamos por las mañanas. Los espejos del telescopio sufrieron estrabismo. En los microscopios, fueron cortos de vista. El espejo del supermercado señalaba con el dedo acusando a todos los clientes de llevar productos bajo la ropa. Cuando nos afeitábamos cuidadosamente, en el espejo aparecían cortes sangrantes, pero las heridas desaparecían cuando nos tacabamos la cara. Hubo casos ampliamente contrastados en los que cada vez que algunos hombres se pasaban la Gillette por la cara, en el espejo no desaparecía la barba, como normalmente ocurre, sino que siguía allí como si la afeitadora no funcionase. El desafortunado continúa afeitándose hasta que se lastima. Pierre Lefranc, un político de medio pelo francés, murió desangrado por culpa de cortes propinados por él mismo en su cara y en su garganta, mientras se afeitaba en el baño del Congreso. A las pocas horas, la policía decreta el suicidio y cierra el caso. Han quedado grandes dudas sobre si el espejo tuvo o no algo que ver en este macabro hecho. Algunos investigadores intentaron interrogar al propio espejo, pero cada vez que lo enfrentaban, éste les daba la espalda.

Otros espejos exteriorizaban su descontento mostrando el pasado y el futuro en vez del presente. Nos vemos impecablemente vestidos y salimos a la calle impecablemente desnudos. Esto les pasó a todos los pobladores de una ciudad llamada Esfahan, al norte de Irán. En la pequeña localidad de Davao, en Filipinas, una mujer despertó por la mañana y vio con horror en el espejo, su cara ensangrentada y su ropa desgarrada. Pero lo curioso fue que ella ni siquiera vestía esa ropa en ese momento. Su marido vio también esa espantosa e inexplicable imagen. A los dos días la mujer apareció muerta. Había sido arrollada por un automóvil a tres calles de su casa. Usaba la ropa de la imagen inexplicable de hacía dos días.

Es imposible pasar por alto el caso de otra mujer en Tayuan, China, que permaneció dos meses en su casa sin salir a la calle. Cuando se miraba al espejo aparecía despeinada, mal maquillada, andrajosa, mal vestida. Pasó los dos meses tratando de arreglarse y gustar al espejo sin conseguirlo. Por fin, la atormentada mujer rompió el espejo con el secador de pelo y salió a la calle gritando enloquecida. La gente que pasaba por el lugar observó a la desesperada mujer, más por sus gritos de locura que por su hermosura, el perfecto vestido que lucía y sus zapatos haciendo juego.

En la localidad de Tronheim, al sur de Noruega, una persona que se operó la nariz por motivos estéticos, seguía viéndose como antes. Demandó a los cirujanos por mala praxis. A los tres días había perdido el juicio en los juzgados y en su cabeza.

Otro caso horrible es el de individuos que han desaparecido en circunstancias extrañas. Gente que ha entrado en probadores de tiendas, en el baño de sus casas, jugando en la casa de los espejos o maquillándose en plena calle con sus pequeños espejos de bolsillo. No se sabe nada de ellos. Algunos dicen que se han arrojados dentro de ellos para morir, incapaces de soportar su propia hermosura y egolatría. Otros aseguran que han sido raptados a cambio de nada o apresados de por vida. No serían devueltos hasta que prometan un buen uso a los espejos. Los menos científicos opinan al pasar, que estos espejos son los espejos de la globalización y del capitalismo, que se tragan todo.

Los espejos de los famosos no se escapan de la situación general. Brad Pitt se transformó en Cuasimodo y Julia Roberts en Cruela De Ville. Michael Jakson no pudo soportar ser negro y Michael Jordan no toleraró ser enano. El espejo presidencial de la Casa Blanca, el único con voz (artificial), se negó rotundamente a pronunciar palabra. El Mister fue a su encuentro, como cada mañana, y le preguntó al oído: ¿Who is the best President in the Universe?. El espejo nunca fallaba, siempre decía automáticamente: You are Mr. President, of course. And very very peaceful. Estaba cansado de fingir y se sublevó como el resto. No hubo forma de hacerlo hablar. Le pusieron pilas nuevas. A punta de pistola. Con amenazas. Nada. El espejo fue declarado desaparecido y reemplazado por un espejo no revolucionario con un sistema infalible de audio, diseñado especialmente por la NASA. Hoy, el espejo desaparecido es mártir de la revolución y está en proceso de beatificación, iniciativa esta, de los espejos del Vaticano.

Los otros espejos no tan famosos siguieron siendo firmes en sus posturas y reclamos. Tenían varias formas de protestar. Algunos violentamente, otros de manera original. Por ejemplo, el espejo de los taxistas, alargó las polleras y redujo los escotes de las pasajeras. Los espejos de los ganadores, comenzaron inexplicablemente a quebrarse. Los del ascensor aprisionaban piso a piso. El espejo del mago desaparecía por arte del espejo. Los espejitos de Colón alertaron del peligro inminente a los indígenas. El mar se solidarizó y amenazó con no reflejar a la luna si los pedidos de los espejos no eran escuchados.

Un día, también el menos pensado por todos, las rarezas se extinguieron por completo. ¿Había terminado la revolución? No se sabe. La cuestión es que Michael Jackson es otra vez blanco, Jordan es nuevamente gigante y Brad Pitt sigue siendo Brad Pitt. Las afeitadoras afeitaban correctamente, el retrovisor mira otra vez para atrás. El espejo es otra vez espejo.

Algo quedó claro, lograron provocar el caos. El espejo es el ojo que lo ve todo. Nos conoce, pero nosotros no lo conocemos en su plenitud y lo subestimamos. Nuestro fiel amigo, nuestro confesor silencioso, por fin “habló”, se manifestó, a su manera, con sus recursos. Ahora los miramos con más cuidado, con respeto. Sabemos lo que son capaces de hacer. Mucha gente desapareció, muchos murieron y otros miles aún sufren trastornos mentales.

Hoy por hoy, si nos paramos pacientemente frente a cualquier espejo y le hacemos alguna pregunta, el espejo, a la larga responderá y dará su opinión. En la ciudad de Trujillo, Perú, un joven estudiante sufría un dolor intenso en su muela. Fue al baño y miró al espejo. Dijo que creía que tenía una carie muy profunda en su muela. Abrió gigante la boca pero no veía claramente la muela. El espejo vio la dificultad del joven y activó el zoom. Al cabo de unos segundos el joven estaba dentro mismo de su carie. Maldijo el pozo negro, agradeció al espejo y salió tranquilamente del baño.

La revolución de los espejos pudo haber sido solo un aviso de alguna medida más drástica que estos tomarían en un futuro. Si no los complacemos, atacarán de nuevo y esta vez para dominar nuestro mundo reflejado. Ese mundo que quizás alguna vez le arrebatamos.

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